sábado, 19 de enero de 2019

Un día más..., sin mar.

Día seco, día sin mar.
Otro como muchos sin oler la sal,
sin respirar la humedad,
sin el aroma y sonar del mar.

Día seco, día sin mar.
con el paseo urbano,
húmedo, pero sin mar.
¡Húmedo! sin mojar,
cálido y sin sal.

Mar seco, día sin sal,
sin sabor a salitre y arenal.
¡Humedad!
También soledad.

Resquebrajos del mar
asoman por la ciudad,
desde la costa luchando,
podernos llegar.
Día seco, día sin mar.

 
Un día más sin mar, es un día más sin morir, seguir estando aquí, en la sequedad de la tierra. Tierra donde yacemos tanto en vida como al morir. Ese mar que es mayoritario en la tierra, ese mar que nos devora como el Kronos, más aun estando a una distancia inconexa. Un día más en la agonía, sin ahogarse en ese mar de incertidumbres que es el ¿qué habrá?

LA CASA DEL RECUERDO

“LA CASA DEL RECUERDO”.

EL RECUERDO EVOCADO.       
“La Casa del Recuerdo”:
   Había el tiempo sugerido en mí el cuidado de todos los que conocí, pero en sí, mas yo no puedo otra cosa que dar cobijo y aliento, refugio y provecho a todo aquel congregado que me disfrute y me comparta. Todo, el tiempo lo mata, todo, el tiempo lo corrompe y degrada, pensé que no me llegaría el día, pero aquí me quedo en la soledad inmensa y vacía. Tanto vivido, tanto compartido y nunca pensé en estos días que habían de llegar y aquí están.  
   Juntas, reuniones, festines, alegrías, penas y tristezas, brotes, y despedidas. Juegos y gritos de niños, niños disfrutando en mí con gozo y frescor. En mi regocijo, bien sabe dios, lo que disfruté de los juegos compartidos de esos niños. Correntillas, juegos, enfados, ¡cómo disfrutaban! cuando conmigo estaban. Como una gallina mis alas extendía y a todos en mi regazo acogía.
   Días de gloria y felicidad han quedado atrás, lastima que pena, esos días no volverán, pues el tiempo no perdona y he quedado fuera de él. De mí nadie habla, sólo el recuerdo contenido, que los que en mí estuvieron han dejado, de no ser así, yo no sería nada, y eso es lo que soy, nada. Nada ni nadie comprende que puedo sentir y sufrir, ¡tengo derecho!, pues soy la que ha visto a todos crecer y tan sólo quedo como recuerdo de emociones, de momentos vividos y transcurridos, ¡que pena! no ser, sin derecho a llorar y mis sentimientos sin aflorar, pues revientan en mí, como dinamita en la cantera, rompiendo la calma, ¡maldita calma!, de que me vale no sentir a esos niños otra vez por mí correr, entrar y salir, jugar y saltar, como si con ellos esta vida no fuera, como si para ellos el tiempo no corriera, pero sí, si que les llega y van creciendo. Yo los he visto hacerse hombres, mujeres, con sus problemas, sus alegrías, sus historias compartidas y viendo pasar el tiempo.
   La familia crecía, pero al tiempo también palidecía, cada ausencia la lloré como lloran los hijos que pierden a los padres. Sabida que esa ausencia, me acercaba a mi soledad y desasosiego, que pena tener que morir, y más pena es morir en vida que es lo que tengo y me queda.
   Todos me disfrutaron: padres, hijos y nietos, después llegaron bisnietos pero ya este tiempo era preconizador de lo que se avecinaba, los más tensos lazos envejecieron junto a mí, esa vejez disfruté a sabiendas que era mi final, ellos no podían hacer otra cosa. Los mortales hacen cosas mortales, pues los años no perdonan y aparte de la soledad, me he vuelto descortés porque cuando siempre serví fiel y cómodamente a todos, ahora prefieren sus moradas y yo en el olvido quedo, como un obsoleto objeto: comodidad, recogimiento y protección ya no buscan en mí. Ahora ya no me quieren, tan solo quedo en recuerdo de lo inconsciente, arrinconado en la memoria de los que quedan y me disfrutaron mientras era “la casa de los abuelos”, y ahora, ¿de quien soy?, de todos y de nadie. Tan solo evocado conscientemente en algún momento concreto, de los que no me quieren olvidar.
   Pero hoy ha sido un día especial, te he visto llorar, me has sentido, lo he notado. En tu rostro con esos ojos lacrimosos, me mirabas, me observabas. Sé que me has sentido, al fin después de tantos años pasándote desapercibido y siempre he estado ahí, dándote cobijo, abrigo y protegiéndote de todo excepto del tiempo, tiempo que pasa y nada ni nadie le puede, hasta en mí ha hecho mella. Mi estructura agrietada, mi pellejo desconchado y mi ser dolido, aunque hoy cuando te he visto, se me ha alterado el corazón. Si el corazón ¿creéis que no lo tengo?, lo se, pero se aceleró y no estoy para estas emociones. He notado que me has sentido, has visto el ser que hay en mí, has sentido mi alma, aunque para ello hace falta que todo halla acabado: alegrías, penas, sonrisas, lágrimas, fiestas, juegos, gritos de gozo, todo, todo se acabó. 
Pues ya lo ves, no sólo soy ladrillos, adobe y cemento, sino que mi constitución incorpora sentimientos, emociones, y sobre todo afecciones. Todo el cariño depositaron en mi construcción, mucho mimo y estima recibí, yo en recompensa, os acogía y protegía, conmigo disfrutabais sin saber que formaba parte de vosotros, supongo que simplemente me veíais como algo material, esos ladrillos, y cemento precisamente no dejaban entrever que era algo más, algo que junto a los “abuelos” se ha ido, siempre he estado en concordancia con ellos y ahora aquí quedo, ¡muerta en vida!
   Aquí he quedado sola, sola, y tan sola. Sola en la soledad más sola, sola y cerrada que es lo que más lamento. Cerrada, sin nada ni nadie a quien acoger, recibir, proteger. ¡Qué pena! Tantos años, esplendorosos años de todo compartir, conforme se han ido yendo tus seres queridos y de tus allegados, aquí me habéis ido arrinconando. No os he dado lástima, no os habéis percibido que me estoy muriendo yo también. El tiempo, el tiempo todo lo mata a mí también lo ha hecho, herida de muerte, con la estocada atravesada, pero hoy no me importa, te he visto feliz, tristemente feliz, en tu pensamiento me has tenido, en tu niñez comprendes que he influido, he sido disfrute vuestro, tuyo, de cada uno de los que familia de aquí habéis sido. Momentos, muchos momentos llevas en tu interior en los que como idea, imagen o aroma me presientes, como un archivo en tu memoria, conteniendo esencias del recuerdo: olores, vistas y momentos.
   Todo ese esplendor ha dejado de brillar, parecía que no llegaría te lo he notado, creías que aquí estarían toda la vida, pero eso es precisamente: todo está toda la vida, la vida que dura viva, la vida sin la muerte, la vida con la esperanza y alegría, felicidad y excelencia, pero esta vida se esfuma, se acaba, y ya ha durado toda la vida, la vida viva.
   Ya sólo quedo muerta en vida, en espera de que alguien se decida a forjar su futuro otra vez en mí, y yo, ¡Dios quisiera!, dispuesta estaría, otra historia, otra vuelta a empezar, no se si tendría fuerzas, si capaz de aguantar otras tantas generaciones, pero tal vez  es lo que necesito para cumplir mi fin, mi ser, y ser feliz otra vez. Más recuerdos, más vida, más emociones.
   No te apures, no padezcas, quédate con todo lo que gozaste, no he sido feliz al verte triste, pues aunque me alegraba ver que me sentías, que percibías los recuerdos contenidos, ese cuadro del “Ángel de La Guarda”, jugando con los niños a la gallinita ciega, cuantas historias sobre él te contaban, “cuatro esquinitas tiene mi cama…”, no quiero verte con esa melancolía, lo que deseo es que me sigas disfrutando, no me dejes morir, dame vida y yo siempre un hueco en tu memoria ocuparé con esa niñez perdida que los adultos olvidáis haber tenido.
   Sé que algunos para evitar esa tristeza que te he visto sentir con el recuerdo, no se atreven a volver, tienen miedo de echarse a llorar, perder el control, pero en sí, ¿no es eso la felicidad?, saberse haber sido feliz, haber tenido una vida plena como la tuvisteis todos los que por aquí habéis pasado, por eso precisamente la tristeza del recuerdo del querer volver a tenerlo presente y saberos reconocer que el tiempo infinito, tan sólo lleva una dirección, irrefrenable, imparable y que todo lo que pasa no vuelve sino como recuerdo sobre todo si es bueno.
   Debéis saber que pase lo que deba de pasar, al igual que vosotros me recordáis con felicidad, estad tranquilos y sabed, que también yo lo he sido, feliz como el pájaro que vuela, alegre como las campanas que resuenan, contenta como un niño inmerso en sus juegos. Tranquila de haber cumplido mi fin, mi función. He sido virtuosa, excelente: el veros tristemente felices del recuerdo me lo demuestra. Busque ya cada cual su camino, pero eso sí, no me olvidéis con vosotros quiero siempre estar, aunque sólo en el recuerdo sea.

   LA EVOCACIÓN DE UNA VIDA VIVIDA EN EL RECUERDO TRISTEMENTE FELIZ.
“Memoria del que ha Morado”:
  Nunca antes en mí tuve la sensación que hoy me invadió por unos momentos. Nunca eché en falta algo teniéndolo, y más tan cerca como hoy te he tenido, echándote de menos estando en tu interior. He comprendido que formo parte de ti, efectivamente podría ser cualquiera de los ladrillos que te forman. Hoy he sabido todo el cariño y amor que has derrochado, multiplicaste con el que te hicieron, esa alegría de morarte, esa primera emoción y sincera con que te hicieron, y que pusieron en ti todo el esmero de que serías regocijo de toda una trascendencia e historia vivida, creo que los que te construyeron ya lo sabían que ibas a ser el actor principal, y en realidad lo has sido, pues has sido punto de encuentro, nexo de unión de toda una familia. Te hemos disfrutado mientas los que en ti han vivido, y ya te veo morir con la última moradora que has visto morir. Ya los demás tenemos otros lugares donde dibujamos nuestra historia pero en el fondo estoy completamente seguro que ninguno con tu solera de ser “la Casa de los Abuelos”. Has sido sublime, has hecho la función de la madre, abriendo tus brazos y acogiéndonos a todos, todos que por cierto íbamos buscando tu refugio, nos has acogido como la gallina a sus polluelos.
   Has sido la casa ideal, quienes te hicieron lo hicieron bien, casa donde vivir, patio donde compartir, huerto donde subsistir y con la tierra subyacer, así niños y mayores en ti hemos sentido alivio, disfrute y diversión. A todos nos ofrecías lo que tenías, y lo sigues haciendo, lo se, pero ahora ignorantes de tu sabiduría, naturaleza y bienestar, como el ritmo de vida social que nos ha invadido en la actualidad: inútil, como inútiles nos dejamos engañar y te iremos dejando morir, morir en vida, cada vez un poco más.
   No hay valores, solo utilidad, utilidad que nos vuelve inútiles, inútiles para el vivir, para la felicidad, pues despreciamos  lo que realmente es acorde a nuestra naturaleza, con la utilidad nos volvemos antinaturales, cuántas cosas nos sobran para el vivir, cuánto no nos es necesario y lo creemos imprescindible. Así que te vemos incómoda, tú, empero, eres la misma de siempre, no te sientas culpable, pues eres capaz y perfecta de seguir cumpliendo tu función, no así nosotros, los que quedamos (inútiles), que somos dependientes de las tecnologías que nos hacen rechazarte y verte como un objeto obsoleto, cuando tú eres y has sido capaz, lo has demostrado, capaz de aunar, acoger, proteger, mantener y sacar a delante todo un clan familiar.
   Cierto que el destino es como es, el que un día alguien con todo su empeño e ilusión emprende una voluntad a elección, construyendo un hogar, un refugio para su familia, es de ley mejor que no vea el final, pobre mortal, que construyes no más que cosas mortales, duren algunas más pero antes o después llegan igual que tú, y que todos al fin de sus días, lo triste es que te hubiera visto muerta en vida, creo que hubiera él muerto contigo, no resistiera el verte así, homicidio, asesinato premeditado alevosamente dejándote morir, crimen imperdonable no castigado pues es crimen material, no carnal.

…Y YA COMO DESPEDIDA.
“Memoria del que ha Morado”:
   En tu devenir “Casa del Recuerdo”, desearte suerte, más bien antes que después sea tu resurrección y acojas otras ilusiones, emociones y afecciones que vuelvan contigo a compartir y formar parte de tu ser, forjándote una nueva esencia con la que tú recompensarás como nos has recompensado a nosotros, grato es el recuerdo ya lo que venga no formará parte de ese tiempo del recuerdo, pues el tiempo forja sólo una vez, y el trabajo ya está hecho, lo que venga en adelante, formará parte de otra historia, otro recuerdo. Aun sabiendo que más adelante será parte del pasado, lo será de ese pasado que hoy no es más que futuro, incierto, desconocido, impredecible, pero en nada será igual al futuro que lo fue de tus forjadores, que ha sido y en recuerdo nadie me lo robará: “mi pasado”.
   Quiero llorar y no puedo pues me desbordan los momentos vividos en ti, “Casa de los Abuelos”, pues en recuerdo a ellos sin ti no los concibo, sois uno y el otro, Abuelos y Casa, Casa y Abuelos, no puedo sino en mi recuerdo manteneros juntos.
   Quizás tu ser tu esencia, sea la de ellos, que en ti a quedado, o quizás el recuerdo de ellos eres tú como regocijo y recipiente de virtud y excelencia del amor, alegría y felicidad que desprendían. Sea como fuere, lo dicho: “en mí queda, en recuerdo y melancolía”.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Tú eres mi Rey.


 Tú eres mi Rey

Dejó de llorar, después que su hermana le contase aquel día en que lo pasó tan mal como él, tras comprobar que allí en el comedor, junto el árbol de navidad los regalos que aparecían no coincidían con los que ella había pedido a los Reyes Magos.
Le pasó justamente lo mismo que le acababa de ocurrir a su hermano, sintió tal desconcierto inesperado pensando que no la querían, o si tan mal se hubiera comportado para no merecer lo que deseaba, pero claro, tras unos momentos nauseabundos, apenados y tristes, volvió todo a la normalidad. A los pocos minutos estaba correteando la casa con sus nuevos regalos: qué más da si no eran los que pidió, pero eran los “nuevos regalos”, de los reyes de ese año, no iba a desperdiciar el tiempo en lloriqueos y desconsolada.
Pronto descubrió que todo no es lo que uno desea, pero que todo es lo que es, y un regalo, es un regalo…, probablemente esos reyes no serían tan magos (pensó aquel año), o tal vez no hayan encontrado sus deseos, o los han cambiado por comodidad para ellos. Qué más da, un regalo es un regalo, y hay que disfrutarlo. Cuanto antes lo compruebes, antes comenzarás a disfrutar de tus nuevos juegos (le decía a su hermano), no pierdas el tiempo en llorar, y disfruta de tus nuevos juguetes, aunque no coincidan con lo que pediste, seguro que están regalados con todo el corazón de quien se ha molestado en regalártelos, y si te vieran tan triste, qué podrían pensar.
Tienes razón Amanda –dijo su hermano menor Rufo-, para qué perder el tiempo en lloriqueos, si estos regalos me encantan también y son preciosos.
Amanda dirigió una mirada a su padre, no pudiendo éste esconder la lágrima que se deslizaba por el contorno del ojo derecho (la del izquierdo acababa de secarla), y le lanzó una mueca junto un pequeño guiño, para consolar la melancolía del rostro de su “Rey Mago”.
Después una vez a solas con su padre, Amanda hizo saber a su padre que comprendía la situación, la comprendió cada vez que volvía a la calle o al colegio después del Día de Reyes, todos sus amigos vanagloriándose de todos los grandes regalos recibidos, todos justamente lo que pedían, grandes regalazos que sus “reyes” luchaban por conseguir hacerles llegar, pero Estanislao, su padre siempre quedaba escasamente acorralado ese día. Le costaba llegar a final de mes, su vida laboral era discontinua, transcurriendo entre contratos basura y trabajos mal pagados. Pero su esfuerzo en mantenerlos en un círculo burgués de la sociedad llamada “clase media”, tenía esas consecuencias, que en esa misma clase se distribuía sin medida ni control unas clases entremezcladas y camufladas que más que medias, para él deberían estar por las nubes.
Rufo, espiaba tras la puerta, sin comprender mucho la situación, se lanzó sobre su padre dándole un abrazo tremendo y un emotivo beso, recordándole que echaba de menos con todo su corazón a su madre, la cual se había ido al cielo tres años antes, justo cuando Rufo iba a comenzar el cole con tres añitos casi. Y le hizo ver a su padre que lo más importante no eran los juguetes, sino el tenerle a él y a su hermana, y poder abrazarles y besarles.
Su padre en un mar de lágrimas, tratando no ser descubierto, volvió la mirada hacia Amanda, con un guiño y un “amago” de beso relajando ambos las facciones tan tensas de emoción y dejando ver el gran amor que conseguían tenerse el trío familiar.
Días antes paseando por el centro de su ciudad, Rufo disfrutaba entre los árboles decorados de navidad, luces coloridas, escenarios con nieve de “Papá Noel”, tarimas con “Reyes Magos”, y entre risas, guiños, y frases de armonía le hizo saber a su padre: “Tú siempre serás mi Rey Mago”.


Jorge Vidal.

miércoles, 10 de octubre de 2018

MIRADAS.


De vuelta a casa, esperando el verde de un semáforo en un paso de peatones como otro cualquiera, he alzado la vista sobre el lado contrario. Varias personas esperaban a la par que yo, el cambio del rojo al verde para seguir nuestro deambular, pero mi mirada se ha cruzado con unos ojos en concreto.
He observado que ellos también se fijaban en mí, ruborizado, aturdido, no lo podía creer: “soy especial para ese individuo, ¿qué habrá visto en mí?” (he pensado, y me he preguntado).
Inmediatamente  mi mente se ha invadido de pensamientos, preguntas, e incógnitas. ¿Por qué se ha fijado en mí? ¿Qué habrá visto en mi presencia?
Pero claro quizás él haya tenido la misma experiencia, siendo las reacciones mutuas, tal vez él solo ha respondido a mi mirada, le ha extrañado que me fije en su presencia, o intentaba descubrir alguna intención en mi persona.
Lo que me ha dejado extenuado y desorientado ha sido la certeza de que algo había entre ese ser y yo, algo o alguna cosa en común, puesto que tras la luz verde, y al iniciar nuestros pasos en dirección a cruzarnos, he sentido su deseo de roce, ha detenido por unas milésimas de segundo su marcha, haciendo amago de la iniciativa de saludar, al mismo tiempo que yo no he podido evitar el deseo de rozar su cabeza, acariciando sus orejas.
Ha sido un saludo rápido, fugaz y furtivo. Ambos hemos rozado el clímax de un pequeño roce a escondidas, sobre todo de su portador, que no ha tenido tiempo de estirar de la cadena que les unía.  Él, ese ser que me ha mirado tan intensamente desde la otra acera, era un labrador, un cánido, pero con una mirada tan profunda y bonita, que se hubiera podido confundir perfectamente con la cualquier persona de buenas intenciones.